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Astrología
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La Luna de agosto

LA LUNA DE AGOSTO Y ALGUNAS SUGERENCIAS PRÁCTICAS PARA REALIZAR EN LAS DISTINTAS FASES DE LA LUNA

Mirar al cielo para ver en qué fase está la Luna y poder hacer una buena siembra que más tarde se traduzca en abundante cosecha es una antigua costumbre que, aunque las grandes ciudades han ido perdiendo, todavía llevan a cabo muchos agricultores. Los más ancianos quizá recuerden además que, dependiendo de cómo fuese la Luna de agosto , así sería también el próximo año y cada uno de sus meses traería bonanza o tempestad. Del mismo modo, los cazadores, pescadores y ganaderos saben que las épocas de cría de los animales se rigen por las fases de la Luna y que, aunque no siempre sea así, las hembras suelen quedar preñadas en Luna Creciente y dar a luz en Plenilunio . Pero a medida que las grandes urbes van ganando terreno al medio rural y que los enormes rascacielos, cual colosales y lóbregos árboles iluminados artificialmente, nos impiden ver el cielo nocturno en toda su magnitud, hacemos las cosas deprisa y casi a ciegas tantas veces, guiándonos sólo por la hora que marca nuestro propio reloj y no por el del Tiempo. Además, ¿a quién le interesa saber qué momento es el mejor para plantar un tomate si ya los venden en el mercado en cualquier época del año? Sin embargo, seguir los ciclos lunares conscientemente y aplicarlos, no ya a plantas o animales sino a uno mismo, puede ser muy recomendable y, cuando menos, nos ayudará a crear una especie de calendario personal, a seguir y conocer nuestro propio ritmo, y a observar si se producen cambios o alteraciones y cuáles son. Se trata de empezar algo nuevo o de sembrar en nuestro fuero interno, simbólicamente, un deseo o proyecto que queramos ver crecer y hacerlo en el instante adecuado. 

El mejor momento para iniciar o emprender alguna cosa que queramos ver crecer se da  tras el tercer o cuarto día del Novilunio, o antes en todo caso del Plenilunio pues después, la Luna, ya en declive y replegándose sobre sí misma, señala un período distinto. Un tiempo que es mejor aprovechar para la reflexión y el recogimiento, o para cosechar, pero no para plantar. Todo lo que iniciemos o sembremos en Luna Menguante o Negra tardará más en crecer y coger altura aunque, si lo hace, crecerá fuerte y robusto pero posiblemente más a lo ancho que a lo alto. Por el contrario, lo que se comienza en Luna Creciente suele desarrollarse antes y crecer en vertical. Nuestro satélite está en constante y progresiva transformación pero se suele hablar de cuatro fases lunares porque esos son sus aspectos más manifiestos. Emplea alrededor de una semana en cambiar de una a otra fase y si la vemos de una u otra forma depende en realidad de su posición con respecto a la Tierra y al Sol.

La Luna Nueva, Negra, o Novilunio, se produce cada mes cuando el astro está entre la Tierra y el Sol, en conjunción (0º) a éste último, y se llama así porque en ese instante se hace prácticamente invisible. Su influjo se percibe ya desde pocos días antes y aún algo después de la conjunción exacta. Son momentos para la acción interior, para la meditación y la reflexión, y poco convenientes para actuar en otros planos. Lo mejor en esta fase es oír, ver, callar... y prepararse para, transcurridos 3 o 4 días, emprender algo o hacer una buena siembra. Entonces, cuando la Luna se vea como una finísma D o como una C del revés, será el instante idóneo para moverse, abrir un negocio, tomar decisiones, comenzar una relación, un trabajo, una nueva etapa... 

El Cuarto Creciente tiene lugar una semana más tarde, cuando la Luna se ha separado 90º del Sol y nos muestra ya la mitad de su esfera, adquiriendo entonces la forma de una D plateada. Sigue siendo buen momento para principiar, promover o fundar alguna cosa, aunque será mejor aún cuanto más cerca del tercer día del novilunio estemos, pues luego tendremos que dar tiempo para que, lo sembrado, germine en esta fase.

La Luna Llena o Plenilunio es la oposición entre el Sol y la Luna, cuando ésta se halla a 180º de aquél, estando la Tierra en medio de ambos, y viene a formarse hacia el día 14 tras el Novilunio. Quizá sea la fase más popular y famosa del astro, sobre la que más se ha escrito, hablado, filmado... Y es lógico que esta etapa nos fascine tan especialmente, ya que es cuando la vemos entera, en todo su brillo y esplendor. Como su propio nombre indica, es una fase de plenitud, de logros, de realización o afianzamiento de lo que sembró o se inició anteriormente... o de tendencia al aborto y al fracaso de aquello si es que no lo hemos cuidado y regado debidamente. En todo caso, la Luna suele mostrarnos alguna señal y darnos ciertas claves en esta fase. Su luz nos avisará de cómo se va desarrollando lo sembrado tras el novilunio o de si se trata de algo a lo debamos renunciar, quizá, porque en el fondo no nos convenga... 

El Cuarto Menguante se forma una semana después del plenilunio, cuando el astro vuelve a situarse a 90º del Sol y a mostrarnos únicamente la mitad de su superficie pero ahora la vemos como una gran letra C rellena de plata o como una D del revés. Es la fase de la cosecha, donde obtendremos algún fruto de lo bueno o menos bueno que hayamos plantado... o tal vez, su pérdida. No es hora de grandes celebraciones ni de tristes lamentaciones, quedan tan sólo unos días para que dé comienzo un nuevo ciclo en el que podamos volver a emprender algo o a intentarlo por segunda vez. Conviene aprender de los éxitos o errores anteriores para que la nueva Luna nos ayude a crecer y a mejorar mañana. Hora es pues, de nuevo, para la meditación... 

Cuando la Luna empieza a crecer aprovecha para sembrar esquejes y plantas, cortarte el pelo para que crezca rápido y tener una larga melena, casarte, firmar papeles, contratos o compromisos, iniciar algo duradero, tomar decisiones y dar un paso adelante… 

Cuando la Luna empieza a menguar aprovecha para podar las plantas. Cortarte el pelo si deseas que te crezca despacio y te gusta el cabello corto y fuerte. Depilarte. Firmar papeles que anulen contratos o compromisos que no te interesan. Divorciarte. Acabar con algo que te sienta mal, reciclarte, dejar de fumar o abandonar costumbres poco sanas.

Procura evitar, en la medida de lo posible, tomar iniciativas o llevar a cabo cuestiones importantes durante los últimos días del cuarto menguante, cuando la Luna se acerca ya al Novilunio, y sé también prudente cuando está próxima la Luna Llena, pues los ánimos suelen estar más acalorados y pueden dispararse una sucesión de acontecimientos. Novilunio y Plenilunio son las dos fases de la Luna en las que su influencia, para bien o para menos bien, es mucho más activa y potente. Todos los seres de nuestro planeta lo saben, no lo olvides tú tampoco...

Por

 

 

 1 Hasta hace poco la gente del campo solía observar durante días concretos de agosto (o de enero y otros  meses según la región geográfica y sus costumbres) los distintos fenómenos atmosféricos, así como la hora y condiciones en que la Luna u otros astros asomaban en el horizonte, y los relacionaban con cada mes del año de forma que, el 1 de agosto correspondía a enero, el 2 a febrero, y así sucesivamente hasta llegar al día 12 y a diciembre. Cada país o pueblo usa diferentes métodos para esta predicción conocida popularmente como Cabañuelas, una práctica que servía en todo caso para pronosticar cómo sería el nuevo año. Quizá las personas más mayores del mundo rural las usen para saber si los próximos doce meses serán más o menos lluviosos, secos, desapacibles o templados pues estas viejas creencias se han venido conservando hasta ayer y se mantienen aún entre ciertos pueblos. Algunos de nuestros abuelos, así como las gentes del campo, siguen dando fe de ellas.
 2 Recordemos al respecto que el mundo primitivo vinculaba las estaciones del año a la fertilidad o esterilidad de la Tierra y reflejaban la evolución, desarrollo, apogeo y declive de la Diosa y de sus poderes, y que aquellas gentes relacionaban a la Luna Nueva o Creciente con la niñez y juventud de la Diosa o de la matriarca cuando aún era virgen, mientras que la Luna Llena se asociaba a su plenitud como madre y esposa, y la Luna Negra o Menguante correspondía a su declive, cuando en su vejez adquiría, no obstante, mayor sabiduría. 

 

 

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